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Las ideas, creencias, que adoptamos en nuestra infancia nos afectan a nuestras relaciones.

En nuestra primera etapa de vida, especialmente hasta los 6 o 7 años, observamos y decidimos comportarnos de una determinada manera ¿Para qué? Queremos lograr ser aceptados y sentirnos queridos en nuestro entorno familiar, en el colegio…

¿Cómo influyen las creencias de nuestra infancia?

Necesitamos sentir que papá y mamá nos quieren. Es una necesidad básica que todas las personas tenemos. Pensamos y aprendemos que esa es la forma válida para lograr sentirnos personas queridas y apreciadas. Y así construimos patrones mentales que nos acompañarán en nuestra madurez.

Las conductas percibidas y aprendidas en nuestra infancia influyen en gran medida en nuestras relaciones y en el modo de relacionarnos. Por ejemplo, en el modelo de relación de pareja que elegimos, según nuestras necesidades y expectativas; en cómo nos entregamos y cuidamos las amistades. Y también en nuestro comportamiento en el entorno laboral, especialmente con quien representa la autoridad porque nos conecta con recuerdos de nuestra relación con mamá y papá.

 

¿Por qué es importarte el trabajo de conectar con nuestra infancia?

Las ideas que establecemos en nuestros primeros años de vida se convierten en creencias.

Durante esos años el cerebro recibe gran cantidad de información en un espacio de tiempo corto. Esto es para que podamos comprender mejor lo que nos sucede. Por pura supervivencia.

En esas edades tempranas nos creemos lo que nos dicen. Y también lo que no nos dicen, pero que observamos en los comportamientos de las personas en quienes confiamos.

Y vamos cumpliendo años, desarrollando nuestra personalidad y convirtiéndonos en personas diferentes. Conectamos con otras ideas, valores y necesidades. Sin embargo, no solemos cuestionamos aquello que un día creímos. Gran error.

¡Pero nuestro subconsciente lo percibe!

Y le molestan esas incoherencias. Por eso nos sabotea y nos impide lograr lo que queremos y avanzar.

Nos influye lo que observamos y escuchamos y también lo que no, y aquello detectamos en el lenguaje no verbal o en los silencios.

Los comportamientos, las creencias y las conductas que nos transmiten papá y mamá en forma de mandatos (mensajes no verbales e inconscientes) o impulsores (mensajes que nos obligan a quien los recibe a actuar para obedecer) también nos influyen. Los observamos en nuestra madre y padre, y en las personas que nos cuidaron, quizás abuelos maternos o paternos, o una tía. Y se graban en la mente subconsciente en edades tempranas.

Un ejemplo. Si has observado en el comportamiento de mamá que es complaciente y se siente querida cuando y porque complace a otras personas, tú vas a incorporar el mensaje como válido y necesario para recibir amor de otras personas.

Pensarás que las demás personas son más importantes y vivirás tu vida en función de las necesidades de ellas. Tratarás de agradarles y acceder a sus peticiones sean las que sean. Tendrás dificultad para decir que no y poner límites, y por tanto una autoestima baja.

Evidentemente no enjuiciamos a nadie. Comprender y aceptar que papá y mamá nos educan lo mejor que saben y pueden, con las herramientas y el conocimiento que tienen es un gran aprendizaje.

¿Cómo resolver las falsas creencias de la infancia?

Conecta y medita sobre tu infancia.

Dale mimos y cariño a esa niña, a ese niño que fuiste. Reflexiona sobre qué sintió y que le faltó. Sin juzgarte y sin juzgar a papá y a mamá.

Y respétate como Ser adulto.

 

Es nuestra responsabilidad cuestionarnos y seguir creciendo. Y aprender a reaccionar, relacionarnos y actuar desde la mirada, mente corazón de las personas adultas que somos.

¿Y tú, desde que roll te estás relacionando con tu familia, pareja o entorno laboral?

 

¿Quieres mejorar en algún aspecto de tu vida?

Pedir apoyo en el camino de nuestro desarrollo personal es siempre una opción. Sin embargo, nada nos impide responsabilizarnos e ir dando pequeños pasos.

Pon acción porque el poder está en ti: ¡Empieza a conectar con esa niña, ese niño y dale lo que le faltó!

Te animo a que reserves aquí una sesión de asesoramiento gratuito de 30 minutos, y te escucho encantada.

 

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