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El desarrollo personal es un proceso de cambio que nos permite fortalecer nuestras capacidades, desarrollar habilidades, y lograr así las metas que nos proponemos.

El desarrollo personal nos ayuda a tomar conciencia de nuestra forma de pensar, cambiar de gafas para no caer en la trampa del cerebro, del inconsciente. Nos permite adquirir nuevos pensamientos, actitudes y acciones, mejorar la consciencia e identidad y potenciar nuestro talento y dones.

Esencialmente, nos ayuda a conocernos y ser conscientes de nuestras fortalezas, bloqueos subconscientes y puntos de mejora. A detectar qué no nos permitimos, nuestros miedos y otras emociones que nos desagradan, y a aprender a aceptarlas. Nos ayuda a cuestionarnos y conectar con nuestros valores. A adoptar nuevas ideas (creencias), que nos empoderen y permitan actuar de una forma más coherente y beneficiosa.

¿En qué nos puede ayudar el desarrollo personal?

Esa apertura de mente y toma de consciencia, contribuye a lograr ese añorado estado de equilibrio, clama y paz, y a mejorar la forma de relacionarnos con nuestra pareja, familia, amistades, vecindario o entorno laboral. Cuando una persona conecta con su esencia, su energía cambia y las personas con las que se relaciona lo percibe.

Así es. El camino de desarrollo personal trae grandes beneficios a nuestra vida.

Nos puede ayudar por ejemplo a:

  1. Cuestionarnos e identificar nuestros bloqueos y patrones subconscientes, la mayoría provienen de nuestra infancia.
  2. Descubrir en qué áreas está nuestro aprendizaje.
  3. Conectar con nuestro sistema familiar y con quienes somos.
  4. Conocer nuestro para qué, propósito y dones para fluir con la vida.
  5. Replantearnos nuestros valores, y así sentirnos libres para tomar las decisiones sin que Pepito Grillo nos persiga.
  6. Aprender a sentir nuestras emociones y a gestionar esos estados emocionales que nos alteran. Además, observar nuestra salud emocional y si nuestro cuerpo físico se ven afectado por esas emociones.
  7. Mejorar nuestra comunicación y relaciones, empezando por nuestros pensamientos y la relación de amor y autoestima hacia nosotras y nosotros.
  8. Elegir a las personas y relaciones adecuadas en nuestra vida.
  9. Tomar conciencia de nuestras necesidades y responsabilizarnos de expresarlas y cubrirlas.
  10. Ser conscientes de nuestros errores, de qué hemos de aceptar y aprender, y de qué pensamos que nos merecemos y que no.

“Lo que piensas lo serás, como sientes lo atraerás y lo que imaginas lo crearás.” Buda

Mi experiencia en el desarrollo personal

Iniciar un proceso de autoconocimiento, de desarrollo personal y espiritual, porque van de la mano, está muy relacionado con el pensamiento de insatisfacción, de disconformidad con la vida, con nuestro trabajo o relaciones. Con ese sentimiento profundo de: “¡Quiero cambiar mi vida porque estoy harta!” o “No se qué me pasa, pero algo me falta”.

Me refiero a sentir cierta insatisfacción con cómo somos, con lo que hacemos y cómo nos sentimos. Incluso cuando objetivamente tenemos muchas cosas, personas, actividades que nos recuerdan que la vida nos va fenomenal y mucho por lo que agradecer.

Querer. No solo desear.

Querer algo diferente en nuestra vida y tener la voluntad y la determinación para llegar a ese resultado.

¿Es el momento para un proceso de desarrollo personal?

Para decidir si iniciar o no un proceso de desarrollo personal, si es el momento vital, es esencial tomar conciencia de la calidad de vida que ahora tenemos, de cómo nos sentimos, tristes, vulnerables, enfadados… Y preguntarnos cómo nos gustaría sentirnos, y qué necesitaríamos para llegar a ese estado de confianza, satisfacción, armonía, paz… Con la mano en el corazón, ¿a ti cómo te gustaría sentirte? ¿te sientes con energía, tiempo y compromiso para apostar por ese cambio?

Te propongo un ejercicio.

Coge papel y lápiz, y anota con qué número te identificas del 1 al 10, siendo 10 el máximo valor. Reflexiona y responde a estas preguntas:

 

  1. ¿Cumples los objetivos, cursos, planes que te propones o tiendes a abandonarlos?
  2. ¿Conoces qué creencias te pueden estar bloqueando?
  3. ¿Cuántas veces al día te quejas o críticas a tus amistades, tu pareja, hijas e hijos, a tus superiores o a las personas de tu equipo? ¿Cuántas veces al día te autocriticas?
  4. ¿Existen situaciones que se repiten frecuentemente en tu vida? ¿Encuentras el mismo patrón de relaciones de pareja, jefe o jefa?

Y ahora conecta con tus emociones, que son el origen de tu buena o mala salud energética y emocional.

  1. ¿Cuántas veces a la semana te enfadas? ¿Qué te enfada? ¿Te enfadas más con ciertas personas? ¿Y cómo de bien gestionas esos enfados?
  2. ¿Tienes identificados tus miedos? ¿Conoces el origen de esos miedos?
  3. ¿Te resulta difícil y estresante tomar decisiones?
  4. ¿Cuál es tu nivel de autoestima? ¿Te resulta fácil decir que no? ¿Cómo de bien aceptas las críticas? ¿Pones límites con firmeza y sin dificultad?
  5. ¿Te sientes una persona poco valorada y reconocida en tu trabajo, por tu familia o por tu pareja?
  6. ¿Te resulta fácil o difícil delegar tareas?
  7. ¿Cómo de bien gestionas tus errores y fracasos (en realidad son aprendizajes)?

Tus respuestas son indicadores que te facilitan observar en que momento estás.

Ahora elige los tres o los cinco con mayor puntuación, los que más te afecten, y pregúntate sobre cada uno de ellos, y puntúa del 1 al 10:

¿Cómo me afecta emocionalmente en mi día a día?

Plan de acción: ¡Empieza a meditar!

Sin acción no hay resultados ¿lo sabías?

Te recomiendo para iniciar el camino de desarrollo personal y espiritual, porque van de la mano, la meditación. Una herramienta magnífica para empezar a observarte, sentir y conectar con tu Ser. Funciona, solo ten en cuenta que es esencial no juzgarte y ser constante en la práctica diaria.

¿Te resulta difícil meditar?

Si eres una persona muy mental, como yo, te sugiero que empieces por 5 minutos y vayas aumentando el tiempo. Comparto tres ideas que a mí me han ayudado:

1. Conectar con tu respiración y concéntrate en ella.

Si eres una persona visual quizás te ayude colocar un objeto que no pese en tu vientre, por ejemplo, un pequeño peluche o un paquete de pañuelos. Observa como sube y baja. Si te vienen pensamientos déjalos ir como si fueran nubes en el cielo.

2. Contar mentalmente series de números (o letras).

Por ejemplo, en series del 1 al 4 y vuelves a empezar. Para quien es más visual, ponle un color diferente a cada número.

3. Clasificar pensamientos.

Imagina que tienes tres cajones y decide mentalmente cual es el cajón del VEO, SIENTO y ESCUCHO. Cuando te distrae un ruido, lo guardas mentalmente en el cajón de ESCUCHO. Si te distrae una imagen, la guardas en VEO. Y si es una sensación, de frío, calor…, al cajón de SIENTO.

¿Quieres mejorar en algún aspecto de tu vida?

Pedir apoyo en el camino de nuestro desarrollo personal es siempre una opción. Sin embargo, nada nos impide responsabilizarnos e ir dando pequeños pasos.

Pon acción y cruza el puente porque el poder está en ti: ¡Empieza a meditar diariamente!

Te animo a que reserves aquí una sesión de asesoramiento gratuito de 30 minutos, y te escucho encantada.

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