Perder a un ser querido es doloroso. Culturalmente no nos han enseñado a pensar en la muerte y en el duelo, en lo que implica esta experiencia a nivel emocional, ni mucho menos a comprender y a procesar ese duelo.

Con todo lo intenso que resulta despedir a un padre, me he permitido aprender de esta experiencia y avanzar en mi camino.

Un año después, ¿Qué siento que he aprendido?

A hablarte y quererte de manera diferente, papá. A pensar en el Ahora. A dar sentido a tu existencia y a la mía. A buscar el equilibrio. A agradecer tu legado. A sacar mis Alas.

Esta etapa coincidió, además, con una época de cambios y retos que asumí a nivel profesional. Muchas emociones a las que abrazar. Cada persona vive y siente el duelo de una forma. Y no es mágico.

¿Cómo viví mi proceso de duelo?

Respeto. Siento mi dolor y vivo el duelo al ritmo que he necesitado, lógicamente con altibajos, sin juzgarme.

Responsabilidad, me permito sentir mis emociones. Desde la innegable tristeza, a la rabia por no hablarle dicho o preguntado tantas cosas que se quedaron en mi mente. Enfado con el mundo. Sentimiento de culpa ¿De verdad hice todo lo que pude? ¿Estuve a la altura cómo hija?

La herramienta PSYCH-K® me ayudó a transformar algunas de esas emociones y a integrar nuevas creencias a nivel subconsciente.

Autoconfianza, tengo la capacidad de avanzar en mi camino. Me permito recordarle y seguir disfrutando mi vida.

Motivación. Me quiero, y dedico mi tiempo a actividades que me encantan y a personas que me brindan energía positiva y bienestar.

Expresar. Escribo sobre mis sentimientos y mantengo vivo su legado. Hablar sobre mi padre, las anécdotas de su vida, sus valores, sus logros, sentido del humor.

Agradecimiento, por traerme al mundo y por el aprendizaje. Comprendo su existencia y propósito de vida, y también la conexión con el mío.

Humildad. Pedir ayuda para identificar mis bloqueos. Yo misma perdía la objetividad. Me ayudó hablar de mis sentimientos y dificultades con personas de confianza y profesionales, que como yo, ayudamos a otras personas.

¿Cómo me siento?

Un año tratando de encontrar ese equilibro entre los recuerdos que impregnan mi memoria, y el hoy y el mañana que defino. Acepto mis sentimientos, me emociono en ocasiones y sonrío otras. Le echaré de menos siempre.

La vida nos paraliza a veces para que descubramos que somos personas valiosas. En mi caso, permitiéndome mis sentimientos y emociones, pensando cómo seguir conectada a su energía. Trato de ver y sentir, y encontrar una manera para continuar con esa relación. Agradecerle y hacerle partícipe de mis logros, alegrías y preocupaciones. Aprender a escuchar y a intuir, y sentir que me guía y protege.

Sentir mis emociones, mostrarme agradecida y comprender nuestra Misión de vida es lo que más me ha ayudado. I

Imagino que el duelo finaliza cuando:

  • Aceptamos que hay formas diferentes de comunicarnos y de querer.
  • Aprendemos a hablar y recordar manteniendo una sonrisa.
  • Intuimos y sentimos su energía y apoyo a nuestro alrededor y comprendemos su Misión de vida… y la nuestra.
  • Agradecemos su existencia, los momentos compartidos y sus enseñanzas.

La clave del duelo sano es equilibrio y permitirte sentir.

Acepta esa realidad, nada apetecible.

Siente. Identifica y expresa los pensamientos y las emociones. Encuentra tiempo para “dejar ir” tu tristeza, rabia, frustración… para expresar sin juzgarte: llorando, escribiendo, pintando…

Si estas emociones surgen en un entorno que te incomoda, date el permiso para continuar en otro momento. Dile a tu cerebro que más tarde te ocupas.

Encuentra motivación. Realiza actividades que te encanten, habla y sal con personas que te aporten bienestar.

Agradece a esa persona el paso por tu vida. Cuando le das sentido a su Misión de vida y a la tuya propia, todo fluye.

Dedicado a un Ser Brillante.

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