Soledad es aprender a estar con un mismo aunque culturalmente se suele asociar a fracaso, abandono o a no ser valioso.

La soledad elegida se comprende con dificultad en la sociedad. Probablemente hemos opinado y juzgado a otros al pensar “alguna tara tendrá que esta solo o sola”, sin admitir que así lo eligió y decidió esa persona. Ello no significa que quien elige estar solo se sienta bien, quizás su miedo sea a establecer lazos con otros y sentirse rechazado o mostrarse vulnerable.

Observaba en una interesante tertulia hace unos meses que algunas personas aceptan y manejan su soledad de manera natural, incluso la añoran; otras aprendemos a base de experiencias. Hay quien combate el vacío llenando su agenda con amigos, parejas o actividades para pensar que no está solo. Elije dejar al descubierto su baja autoestima y el apego a determinadas personas y relaciones.

Es interesante reflexionar sobre ese miedo a la soledad, a estar y sentirnos solos, a hablar con nosotros mismos y no saber qué contestarnos. De niños no nos enseñan a reflexionar y escucharnos, a conocernos y comprendernos, a contestarnos y mucho menos aceptarnos. Crecemos sin aprender a conectar con nosotros mismos. De adultos nos asusta y resulta complicado comprender lo necesario y beneficioso de una soledad adecuadamente gestionada.

El autoconocimiento me ayudó a hacerme amiga suya y de un miedo que estaba instalado en mi subconsciente.

¿Por dónde empezar?

Aquí te adelanto los puntos que a mí me sirvieron:

  • Abandonar la creencia limitante de que estar con uno mismo no significa estar en soledad.
  • Aprender a a gestionar nuestras emociones, como la tristeza o los enfados.
  • Aprovechar esos momentos de soledad para conectar con nuestra esencia y con quienes somos.

 

Si quieres conocer mi plan de acción, aquí puedes leer el artículo completo publicado en La Nueva Ruta del Empleo.

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